Las denuncias interpuestas a Julio Iglesias por dos de sus trabajadoras son la punta de un terrorífico iceberg contra el que chocamos una y otra vez las mujeres y de forma muy especial las mujeres racializadas y más concretamente las empobrecidas.
Ellas representan al ejército de mujeres vulnerables por trabajar en el servicio doméstico o la ayuda a domicilio. Lejos de la mirada de compañeras, de inspecciones de trabajo o sindicatos.
Abandonadas a su suerte y al deseo de sus empleadores/as, sumidas en lo más recóndito del laberinto de la cultura de la violación. Donde la supremacía de género, raza o económica puede ser una trampa terrible.
Frente a esa realidad dos tablas a las que agarrarnos:
- La voz de la calle. Las feministas con su esperanzador grito de sororidad sin fronteras “Hermana yo si te creo”
- La fuerza política otorgada a Podemos en las urnas que nos llevó a que la ley del “Solo sí es sí” viera la luz a pesar de todos los que intentaron frenarla.
Seguimos amigas, hermanas.
No podemos permitirnos ni un paso atrás.