La fuerza es algo culturalmente asociado a lo masculino, al ejercicio extremo, la competencia o incluso la violencia. Sin embargo en términos de salud entrenar la fuerza es sinónimo de autonomía, prevención de enfermedades, bienestar y calidad de vida. Los roles de género como sabemos promueven la imagen de una mujer frágil y delicada, y las consecuencias de no entrenar fuerza se traducen en mayor riesgo para su salud.



